Lágrimas en la FSSPX
Tuve hace escasos días una dura conversación con una mujer que derramaba lágrimas por la situación actual de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX), pocos días antes de las consagraciones episcopales que les situarían fuera de la Iglesia. Ella es católica fielmente unida al Papa, pero su hija hace años que es miembro de la FSSPX, a la que conoció por su novio, su actual esposo, que asistía a sus reuniones. Se casaron en uno de sus templos, aunque antes obtuvieron en el obispado la dispensa de forma canónica. Y en la familia de su yerno hay un sacerdote lefebrista. Como dije en otro artículo, no es infrecuente en Argentina encontrar familias con varios miembros vinculados de un modo u otro a la FSSPX.
Ella me preguntaba qué pasaría ahora, si podría ir a Misa con su hija y sus nietos, si podría asistir a las celebraciones como las primeras comuniones o confirmaciones, o si su hija vendría en las mismas ocasiones a las de sus hermanos y sobrinos. Cuando se reúnan en Navidad si sentirían a partir de ahora lo mismo.
Parecería que la profesión de empresario está en las antípodas de la santidad, y menos aún si no se trata de un pequeño comerciante que lucha, como casi todo el mundo, por llegar a fin de mes, sino de un gran empresario y además rico. Pero hay una interesante figura que contradice esta visión, y que merece ser destacada porque nos recuerda que cualquier profesión honrada (y también lo es la del empresario) es camino de santidad, si se realiza con amor de Dios y con el ejercicio heroico de las virtudes.
Durante la Audiencia General de este miércoles, el Papa instó a los sacerdotes a respetar las “normas de la liturgia” y a no realizar modificaciones “por iniciativa propia”, con el fin de evitar la desorientación de los fieles.
El Santo Padre León XIV recibió el 13 de marzo de 2026 a los participantes del 37º Curso sobre el Fuero Interno organizado por la Penitenciaría Apostólica y pronunció un