Vida Sacerdotal - Información para sacerdotes

Consejos que ofrece Damian Ference, sacerdote de la diócesis de Cleveland, para que los sacerdotes sean gozosos en su ministerio. Damian Ference es encargado de la vicaría de Evangelización y del secretariado de Vida Parroquial y profesor de filosofía en el seminario, además de buen comunicador, autor de diversos libros y artículos. El artículo original en el que se basa esta nota (Seven tips for a more joyful priesthood) apareció en America Magazine

 

1. Reza

¿No se supone que los curas, y muchos otros cristianos, deberían rezar mucho? "Pero cuando uno tiene de vocación ser un profesional en oración, puede ser tentador, de vez en cuando -en misa, en la Liturgia de las Horas, en las devociones personales- poner el piloto automático. Lo digo desde la experiencia. Abundan las distracciones y si no vigilo y las reconozco y no rezo con ellas o a través de ellas intencionadamente, ese encuentro personal renovado con Cristo que es esencial para un sacerdocio gozoso se pierde", avisa.

Santa Misa Crismal
Homilía del Santo Padre Francisco

Basílica de San Pedro
Jueves Santo, 14 de abril de 2022

En la lectura del profeta Isaías que hemos escuchado, el Señor hace una promesa esperanzadora que nos toca de cerca: «Ustedes serán llamados sacerdotes del Señor, y se les dirá ministros de nuestro Dios. […] Yo les daré con fidelidad su recompensa y sellaré con ellos una alianza eterna» (61,6.8). Ser sacerdotes es, queridos hermanos, una gracia, una gracia muy grande que no es en primer lugar una gracia para nosotros, sino para la gente1; y para nuestro pueblo es un gran don el hecho de que el Señor elija, de entre su rebaño, a algunos que se ocupen de sus ovejas de manera exclusiva, siendo padres y pastores. El Señor mismo es quien paga el salario del sacerdote: «Yo les daré con fidelidad su recompensa» ( Is 61,8). Y Él, lo sabemos, es buen pagador, aunque tenga sus particularidades, como la de pagar primero a los últimos y después a los primeros. Ese es su estilo.

Discurso del Papa Francisco a la Penitenciaría Apostólica de 2022Queridos hermanos, ¡buenos días y bienvenidos!

Me alegra encontrarme con vosotros con motivo del Curso anual sobre el Foro Interno, organizado por la Penitenciaría Apostólica y que ya ha alcanzado su trigésima segunda edición. Son constantes, son constantes. ¡Felicitaciones!

Saludo al cardenal Mauro Piacenza, penitenciario mayor, y le agradezco de corazón sus palabras introductorias. Saludo al Regente, a los Prelados, a los Oficiales y al Personal de la Penitenciaría, a los Colegios de los Penitenciarios Ordinarios y Extraordinarios de las Basílicas Papales de la Urbe, y a todos vosotros, participantes en el Curso, verdaderamente numerosos: ¡unos ochocientos clérigos! Esta es una buena señal, porque hoy en día una mentalidad muy extendida lucha por comprender la dimensión sobrenatural, o incluso quiere negarla. Siempre, siempre la tentación de reducirla. La confesión es un diálogo. Y el diálogo no puede reducirse a tres o cuatro consejos psicológicos para seguir adelante, esto es quitarle al Sacramento lo esencial del Sacramento.

El único cura español en Ucrania: «Vivimos con la incertidumbre de si vamos a vivir mañana»«No soy un héroe», deja muy claro Pedro Zafra, un joven cura cordobés de 31 años que vive en Kiev junto a otros cuatro sacerdotes y veinticinco feligreses que han acogido en la parroquia desde el inicio de la guerra.

«No soy un héroe —repite—, esta situación no la podría llevar adelante yo sólo. Es Dios quien me da fuerzas a través de la oración y los sacramentos», Pedro reconoce que desde el inicio de la guerra «hay momentos en que caigo un poco en la angustia, en el sin sentido de no entender el motivo humano de lo que está aconteciendo, pero ahora he encontrado mucho más sentido a la oración y los sacramentos, que me dan la gracia de no huir y perseverar con los qué están sufriendo».

Cristo escondido en un búnkerImpresiona ver las imágenes en que se ven a trabajadores descendiendo el Cristo de la catedral armenia de Lviv o Leópolis, para llevarlo a un búnker y esconderlo hasta que termine el conflicto. Al parecer, la última vez que ocurrió fue en la II Guerra Mundial. El motivo de este traslado es preservar esta obra de arte de posibles ataques y bombardeos.

Es razonable que los ciudadanos de Leópilis hayan organizado esta operación, pero da que pensar. ¿Dónde está Cristo ahora en medio de esta guerra? ¿Escondido en un búnker? Esta pregunta, aunque no con esta formulación, se la plantean no pocos en momentos de desgracias. Estos días, en que los medios de comunicación nos acercan terribles imágenes de Ucrania de tanto sufrimiento de inocentes, muchos se preguntan: ¿y Dios no podía parar esta guerra? ¿Dónde está Dios que permite esta catástrofe?

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