Vida Sacerdotal - Información para sacerdotes

La iglesia que arde sí iluminaLa única iglesia que ilumina es la que arde. Esta expresión, que se atribuye al revolucionario ruso Piotr Kropotkin (1842-1921) ha sido gritada demasiadas veces en los 100 años que hace que se pronunció por vez primera. Lamentablemente muchas veces no ha sido una simple puesta en escena, sino que desde entonces han ardido miles de iglesias en todo el mundo a manos de violentas turbas que aplaudían y coreaban rítmicamente esta frase. La última vez hace unos días en Santiago de Chile.

Lo que está ocurriendo en Santiago no es novedad: desde la muerte de San Esteban las persecuciones han acompañado a los cristianos hasta el día de hoy. El Señor ya se lo anunció a los Apóstoles (cf. Mc 10, 29-30), y desde que a Kropotkin se le ocurrió esa frase son muchos los cristianos que han sufrido las consecuencias de esta ocurrencia, con el resultado de varios millones de muertos y muchos miles de iglesias iluminando el cielo con sus llamas.

La envidia a los santos que tiene la IglesiaSeguramente la mayoría de los que lean estas líneas se habrán alegrado con la reciente beatificación del joven Carlos Acutis. Ciertamente es tan cercano a nuestra época que ahora podemos decir que hay fieles elevados a los altares que han diseñado blogs y han participado en redes sociales. No sé cómo lo representarán, ojalá que aparezca algún teléfono inteligente en sus manos o un símbolo de arroba.

He seguido la noticia en un diario generalista. Y me ha sorprendido la virulencia con que la mayoría de los foristas aprovechan para atacar a la Iglesia. No son argumentos novedosos ni irrebatibles (al contrario), pero sí se ve mucho odio en algunos comentarios. El resultado es que los católicos apenas intervienen en ese debate, aunque presumo que la mayoría de los que hacen clic para leer la noticia son personas piadosas, seguramente porque consideran inútil entrar en una discusión tan sucia. Lo cual me ha llevado a reflexionar de dónde viene tanta repugnancia a los santos y beatos.

Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum

Prot. N. 432/20

¡Volvemos con alegría a la eucaristía!

Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de la Iglesia Católica
sobre la celebración de la liturgia durante y después de la pandemia del COVID 19

La pandemia debida al virus Covid 19 ha producido alteraciones no solo en las dinámicas sociales, familiares, económicas, formativas y laborales, sino también en la vida de la comunidad cristiana, incluida la dimensión litúrgica. Para impedir el contagio del virus ha sido necesario un rígido distanciamiento social, que ha tenido repercusión sobre un aspecto fundamental de la vida cristiana: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20); «Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común» (Hch 2,42.44).

Presentada la Carta Samaritanus bonus sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida"Un nuevo pronunciamiento orgánico de la Santa Sede sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida parecía oportuno y necesario en relación con la situación actual, caracterizada por un contexto legislativo civil internacional cada vez más permisivo en lo que respecta a la eutanasia, el suicidio asistido y las disposiciones relativas al final de la vida". Así lo declaró el Cardenal Luis Francisco Ladaria Ferrer, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al presentar hoy en la Oficina de Prensa del Vaticano la Carta Samaritanus bonus de fecha 14 de julio de 2020.

El testimonio cristiano –añadió el Cardenal– muestra cómo "la esperanza siempre es posible, incluso cuando la vida está envuelta y agobiada por la cultura del descarte". "Y todos estamos llamados a ofrecer nuestra contribución específica, porque –como dijo el Papa Francisco– la dignidad de la vida humana y la dignidad de la vocación médica están en juego".

Mensaje del Santo Padre Francisco
a los participantes en la VI Jornada
de los sacerdotes ancianos y enfermos de Lombardía

Queridos hermanos sacerdotes:

Me alegro de que también este año, a pesar de las limitaciones necesarias para luchar contra la pandemia, os hayáis encontrado junto a vuestros obispos en el Santuario de Nuestra Señora de Caravaggio.

Agradezco a la Conferencia Episcopal Lombarda por organizar desde hace seis años esta jornada de oración y fraternidad con el clero anciano y enfermo. Es hermosa esta atención de los pastores por la parte físicamente más frágil de su presbiterio. En realidad, sois sacerdotes que, en la oración, en la escucha, en el ofrecimiento de vuestros sufrimientos, ejercéis un ministerio no secundario en vuestras Iglesias.

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