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Vida Sacerdotal - Noticias de 2003

La crisis estuvo latente durante décadas y ahora ha estallado con daños incalculables, también en términos económicos por querellas presentadas por las víctimas. La prensa ha publicado historias de sacerdotes culpables de abusos de menores, a los que el obispo se limitaba a cambiar de encargo pastoral o que eran reintegrados al ministerio tras un tratamiento psicológico que no curaba sus desviadas tendencias. Lo que antes se silenciaba ahora ha saltado a los titulares periodísticos, a veces con generalizaciones que afectan al prestigio de todo el clero. Este escándalo ha servido también para que algunos sectores disidentes dentro del catolicismo norteamericano pidan la abolición del celibato sacerdotal, al que se echa la culpa de estos problemas, y la ordenación de mujeres. También los católicos más unidos a la Jerarquía prefieren que la crisis haya salido a la luz, porque obliga a los obispos a afrontar sin dilaciones el problema de la homosexualidad dentro del clero y de la selección de los candidatos al sacerdocio.

Esta crisis ha dado bastante trabajo al Rev. C. John McCloskey, director del Catholic Information Center (Washington), que se ha prodigado en la prensa nacional y en las televisiones para explicar las dimensiones del problema. McCloskey, de 48 años, sacerdote de la prelatura del Opus Dei desde 1981, responde a nuestras preguntas.

P-Los casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes no se presentan como casos aislados sino como una "epidemia" extendida entre el clero católico de EE.UU. Con los datos hasta el momento conocidos, ¿cuántos sacerdotes aparecen involucrados en actos de este tipo y cuál es su proporción respecto al total del clero?

R- Los casos de abusos sexuales contra menores cometidos por sacerdotes se cuentan por centenares como mínimo. Probablemente no existe ninguna diócesis (en EE.UU. hay 195) donde no haya habido cierto número de casos, mayor o menor según el número de clérigos y según las disposiciones que se hayan tomado para afrontar el problema. Pero no puede decirse que sea una "epidemia", ya que son pocos en proporción al número total de sacerdotes. Y son menos frecuentes que entre el clero casado protestante y en otras profesiones de atención a menores.

Estos casos se han venido dando a razón de unos veinte anuales, hasta que recientemente una avalancha de casos ha salido a la luz pública. Muchas de estas acusaciones se refieren a casos que se remontan a los años 70. Relativamente pocos son recientes.

Homosexuales activos entre el clero

P- ¿Son casos probados en su mayoría?

R- Generalmente sí, aunque también ha habido falsas acusaciones, como la que sufrió el cardenal Bernardin de Chicago hace algunos años. En algunos casos, cuando ha habido acusaciones, los sacerdotes han sido trasladados, sometidos a tratamiento o suspendidos de sus funciones temporalmente o expulsados del sacerdocio definitivamente. Por lo general, en estos casos ha habido algún tipo de acuerdo económico entre el querellante (la víctima o su familia) y la diócesis para evitar un juicio civil. Según sea la ley en el Estado donde esté situada la diócesis, ha habido también juicios penales que han llevado a que docenas de sacerdotes hayan sido condenados a la cárcel. Relativamente pocos han sido declarados inocentes.

P- Los sacerdotes han sido acusados de pederastia. ¿Las acusaciones se refieren a abuso sexual de niños o a relaciones con adolescentes?

R- La pederastia es un trastorno psicológico por el que un adulto abusa sexualmente de un niño impúber. Ha habido relativamente pocos casos de este tipo. El problema es claramente el de una pequeña minoría de sacerdotes homosexuales activos que han realizado actos sexuales con adolescentes y jóvenes menores de edad, aprovechándose de su autoridad y de su condición de sacerdotes. Según las leyes de EE.UU., el delito de pederastia se define generalmente como las relaciones sexuales con menores de 18 años.

P- ¿En qué período de tiempo ocurrieron los casos que ahora han salido a la luz? ¿Son casos que afectan al clero joven actual o a sacerdotes de más edad?

R- La gran mayoría de los casos que ahora han salido a la luz se refieren a sacerdotes de más edad. También en muchos casos los hechos fueron aislados y ocurrieron hace bastantes años.

P- El hecho de que las acusaciones se refieran a abusos cometidos con niños, no con niñas, ¿indica que los sacerdotes acusados son sobre todo personas con tendencias homosexuales?

R- Sí. Este es un problema de homosexuales activos dentro del clero, no un problema de pederastia. La prensa norteamericana no quiere reconocer esto. Por el contrario, muchos medios han estado propugnando que los Boy Scouts admitieran a homosexuales entre sus monitores. La prensa y los católicos "disidentes" han utilizado la conducta de una pequeña proporción del clero católico para atacar sin tregua al sacerdocio y a la Jerarquía de la Iglesia, y para propugnar la abrogación del celibato sacerdotal y la ordenación de mujeres.

Decisiones erróneas de obispos

P- Los obispos han reconocido que, ante las denuncias, tomaron decisiones erróneas, al limitarse muchas veces a cambiar de encargo a los sacerdotes acusados. ¿Cuál es la política que se va a seguir ahora?

R- Está por ver. Para no perder más autoridad moral, aparte de los cientos de millones de dólares pagados en acuerdos extrajudiciales con las víctimas, tendrán que actuar rápidamente. Como dije antes, las diócesis tienen distintas experiencias y actúan en el marco de diferentes leyes civiles. Muchas diócesis tienen ya en vigor leyes muy claras y severas en relación con estos problemas. Otras no tienen casi nada. Supongo que si hay una acusación creíble de abusos sexuales, el sacerdote será suspendido hasta que se aclare la verdad. Habrá también una creciente tendencia a informar a las autoridades civiles inmediatamente, para proteger al sacerdote, a las víctimas y a la Iglesia.

P- Hay quien dice que los obispos se han preocupado de recurrir a psicólogos para tratar a los sacerdotes acusados y para evaluar su capacidad para ejercer el ministerio, pero que se ha descuidado la dimensión espiritual del problema. ¿Lo que ahora ha salido a la luz es el síntoma de una enfermedad espiritual más profunda entre el clero de EE.UU.?

R- Por supuesto. El problema tiene muchos aspectos que no puedo tratar aquí por extenso. Hay claramente un problema en la selección de candidatos al sacerdocio y en su formación en muchos seminarios. Además, los que ya han sido ordenados necesitan un programa de formación continua más completo y más apoyo, de modo que estos y otros problemas puedan ser detectados y abordados tempestivamente para bien de la Iglesia y de los mismos sacerdotes. En muchos aspectos, debido al bienestar material y a la influencia de las ideas secularistas, para algunos el sacerdocio se ha convertido en una profesión más que en una vocación, y el modelo ya no es Jesucristo sacerdote sino más bien el sacerdote como asistente social, o simple dispensador de sacramentos, etc.

Seleccionar mejor a los candidatos

P- También se ha dicho que esta crisis muestra que, ante la falta de vocaciones, la Iglesia ha bajado el nivel de exigencia de los candidatos al sacerdocio. ¿No sería más fácil encontrar candidatos idóneos si no se exigiera el celibato?

R- Todo lo contrario. Si los homosexuales u otros candidatos no idóneos no fueran admitidos en los seminarios ni ordenados, habría un resurgimiento de jóvenes viriles con deseos de santidad y de evangelización que responderían a la llamada de Cristo. Así lo confirma la experiencia de un creciente número de diócesis en EE.UU. Hay muchos factores que influyen en la caída de vocaciones en EE.UU. desde 1965. Sin duda, el factor más significativo es que la anticoncepción está tan difundida entre los católicos como entre los no católicos. Los católicos no tienen más hijos que el promedio de los norteamericanos. Y las vocaciones sacerdotales siempre y en todas partes han procedido sobre todo de las familias numerosas. El crecimiento de la población católica de EE.UU. se ha producido fundamentalmente por los inmigrantes y los conversos.

Fuente: Aceprensa. Servicio 42/02, de 3 de abril de 2002

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