Vida Sacerdotal - Cuestiones pastorales

Cuestiones morales y pastorales acerca de la práctica del yoga por un cristiano católico

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Qué es el yoga

La Real Academia de la Lengua define el yoga como el «conjunto de disciplinas físico-mentales originales de la India, destinadas a conseguir la perfección espiritual y la unión con lo absoluto».

Se trata de una una disciplina que nació en la India hace muchos siglos (algunos investigadores suponen que tiene al menos 4.000 mil años), y que se relaciona con diversas culturas religiosas de aquel país: surgió en el hinduismo, pero lo adoptan también tradiciones religiosas que tienen sus raíces en esta religión, como el budismo y el jainismo, entre otras. Al menos en su práctica original enfatiza la meditación y la liberación. Es la meditación lo que ha unido el yoga a estas religiones. Ya anticipamos que el término meditación tiene un contenido distinto al que se le da en ambientes cristianos. Su texto principal es el Yoga sutra (400 d. C.).

Detrás del yoga hay un cuerpo doctrinal derivado del hinduismo en el que surge. Según este, el ser humano es un alma (yivatman) encerrada en un cuerpo (rupa). El cuerpo tiene varias partes: el cuerpo físico (deja o sharira), la mente (mana), la inteligencia (gña) y el ego falso (ajankara). Para llevar una vida plena, es preciso satisfacer tres necesidades: la necesidad física (salud y actividad), la necesidad psicológica (conocimiento y poder) y la necesidad espiritual (felicidad y paz). Hay armonía cuando las tres se hallan presentes. El yoga enseña al individuo a evolucionar mediante el desarrollo de la autodisciplina, con el fin de encontrar la armonía. Según la religión hindú, el yoga, con todas las prácticas descritas, constituye un camino de búsqueda espiritual a través del cual se experimenta el contacto con lo divino: la práctica del yoga busca la integración del alma individual con Dios (el Brahman) o con su deidad (avatar). Esa re-unión se llama samādhi, a través de la cual se accede a la liberación de las ataduras del alma con la materia.

Para la meditación, el yoga usa posturas o āsanas. Los manuales actuales describen cientos de āsanas, y algunas de ellas ya aparecen en libros de los primeros tiempos. El objetivo de las āsanas es actuar sobre el cuerpo y la mente. Según sus practicantes, las āsanas actúan por resonancia desde determinados centros energéticos situados principalmente a lo largo de la columna vertebral. Las claves de su práctica son la lentitud de movimientos (a la hora de hacer y deshacer el āsana), la fase estática (o de mantenimiento de la misma), la respiración lenta, consciente y dirigida, y la atención mental en estado de alerta, y receptivo a lo que está sucediendo. La práctica de la āsana puede ir acompañada de la recitación mental repetida de una mantra, la cual tiene como objetivo fijar el sistema respiratorio en aspirar y espirar de manera lo más regular y pausada posible. También debe visualizar la correspondiente chakra: esta es una figura geométrica encerrada en un círculo, con un color determinado, que ayudar a concentrarse. Las chakras también se asocian con conocimientos esotéricos: serían centros de energía inmensurable (no medible) situados en el cuerpo humano.

Aun así, la descripción anterior debe ser matizada por cuanto son muchas las escuelas< del yoga. Hay algunas que se centran en los aspectos físicos, otras que remarcan más la armonía mental y otras que intentan actualizar el sistema de valores original.

Como es sabido, el yoga se ha extendido por el mundo en los últimos decenios siendo muy popular en ciertos ambientes. Las primeras experiencias de yoga en Occidente están ligadas a movimientos teosóficos, a finales del s. XIX y principios del XX. La gran difusión de estas prácticas se dio en la década de 1980.

En 2014 las Naciones Unidas declararon el 21 de junio como Día Internacional del Yoga. No es casualidad la elección de la fecha, en la que (en el hemisferio boreal) ocurre el día más largo del año: una de las prácticas del yoga es el saludo del sol, que es en su origen una verdadera adoración del dios sol, procedente del hinduísmo.

Actualmente se calcula que lo practican unos 500 millones de personas en todo el mundo. En Estados Unidos hay 36,7 millones de practicantes. Es un negocio que mueve más de 17.000 millones de dólares, de los cuales más de 4.600 de ellos se destinaron a la compra de ropa y 6.000 a la inversión en formación1. Los que lo practican, al menos en Occidente, afirman que fueron al yoga principalmente porque les ayuda a reducir su nivel de estrés y mejora su concentración ofreciendo un equilibrio y una claridad mental con cada clase que practican. En segundo lugar, que ayuda a acondicionar su cuerpo mejorando su flexibilidad, coordinación y resistencia. Y el tercer motivo, que mejora su estado de salud general2. Es cierto que los que lo practican regularmente reportan muchos beneficios del yoga. El Gobierno de Estados Unidos lo cita como práctica beneficiosa3, también el Gobierno del Reino Unido4 o las Naciones Unidas5. La Organización Mundial de la Salud no menciona el yoga en sus documentos.

En Occidente hubo reticencias a su difusión por considerarlo contrario a la escala de valores y creencias propias. Sin embargo, en la actualidad es corriente decir que es posible separar ambas facetas, la de la práctica física y la espiritual. De hecho en Occidente no son pocos los que lo practican buscando solo el beneficio físico y manifestando rechazo a su trasfondo religioso, aunque también se da el caso de los que acuden a centros de yoga como puerta de entrada para acercarse a las experiencias religiosas de Extremo Oriente.

El yoga y el cristianismo

A la luz de lo ya dicho, se ve que hay que hacer una distinción entre el yoga como simple práctica física, que puede ser beneficiosa, y el yoga como expresión de un cuerpo doctrinal que se manifiesta también en unas posturas y otras actitudes. La cuestión es si es posible compatibilizar el yoga con el cristianismo en la medida en que ambas facetas queden distinguidas y separadas.

Iglesia en Buenos Aires
Iglesia en
Buenos Aires

La Jerarquía católica india ha intervenido varias veces sobre el yoga. En este país esta práctica es especialmente sensible, porque el yoga es una enseñanza obligatoria en las escuelas para todos los alumnos, sin distinción de credos, y el 21 de junio, Día Internacional del Yoga, el sistema educativo se paraliza para ofrecer un espacio a los programas, eventos e iniciativas dedicados a esta disciplina, presentándolo como una parte inseparable de la cultura india.

En 2017 el Sínodo dela Iglesia Siro-Malabar (uno de los ritos católicos orientales) declaró que el yoga es una «práctica útil y benéfica para el cuerpo y la mente, pero no va confundida con la espiritualidad» y que «el yoga no es un medio para alcanzar el contacto con lo divino, aun cuando pueda contribuir a la salud física y mental».

En 2018 la Comisión Doctrinal de la misma Iglesia sui iuris publicó el documento Yogayum Katholika Vishvasavum (El yoga y el credo católico). En el texto, la Comisión reafirma que «se ha intensificado la necesidad de hacer una relectura del yoga, en particular luego de la decisión del gobierno de convertir [su enseñanza] en algo obligatorio en las escuelas». Añaden que «en el yoga no hay lugar para Dios, creador y sostenedor cuando se toman en consideración las experiencias espirituales de los seres humanos […] Si bien el yoga nació y creció dentro de las tradiciones laicas de la India, luego éste adoptó tonos de la religión hindú, con el predominio de la casta de los brahmanes». La nota también advierte sobre el riesgo de que «los ejercicios físicos se conviertan en idolatría, pasando a ser un fin en sí mismo» y de la tendencia a «equiparar la experiencia física que deriva del yoga con la obra del Espíritu Santo»6.

El Magisterio de la Iglesia Universal habló del yoga en la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, de 15 de octubre de 1989, que se suele citar por su introito latino (Carta Orationis Forma). Se trata de un documento dirigido a responder sobre «el valor que pueden tener para los cristianos formas de meditación no cristianas», fijando especial atención a los métodos orientales de oración, incluyendo específicamente el yoga7.

Este documento recuerda que la oración cristiana se inserta en el movimiento trinitario de Dios y pone como ejemplo el Padrenuestro (cfr. n. 7). Añade que la materia en sí misma no es mala y que la gracia no es un bien natural del alma, sino un don del Espíritu Santo (cfr. n. 8). Por ello se debe evitar la tentación de tratar de suprimir la distancia que separa la criatura del Creador, como algo que no debería existir (cfr. n. 10).

Por ello, «la meditación cristiana busca captar, en las obras salvíficas de Dios, en Cristo, Verbo encarnado, y en el don de su Espíritu, la profundidad divina, que se revela en el mismo Cristo siempre a través de la dimensión humana y terrena. Por el contrario, en aquellos métodos de meditación, incluso cuando se parte de palabras y hechos de Jesús, se busca prescindir lo más posible de lo que es terreno, sensible y conceptualmente limitado, para subir o sumergirse en la esfera de lo divino, que, en cuanto tal, no es ni terrestre, ni sensible, ni conceptualizable» (n. 11).

Analiza también las técnicas posturales propias de muchas de las tradiciones religiosas orientales: «La experiencia humana demuestra que la posición y la actitud del cuerpo no dejan de tener influencia sobre el recogimiento y la disposición del espíritu», aunque se deben evitar «aquellas exageraciones o visiones unilaterales que, en cambio, con frecuencia se proponen hoy día a personas insuficientemente preparadas» (n. 26).

Especialmente interesante es el n. 28:

28. Algunos ejercicios físicos producen automáticamente sensaciones de quietud o de distensión, sentimientos gratificantes y, quizá, hasta fenómenos de luz y calor similares a un bienestar espiritual. Confundirlos con auténticas consolaciones del Espíritu Santo sería un modo totalmente erróneo de concebir el camino espiritual; atribuirles significados simbólicos típicos de la experiencia mística, cuando la actitud moral del interesado no se corresponde con ella, representaría una especie de esquizofrenia mental que puede conducir incluso a disturbios psíquicos y, en ocasiones, a aberraciones morales.

Esto no impide que auténticas prácticas de meditación provenientes del Oriente cristiano y de las grandes religiones no cristianas, que ejercen un atractivo sobre el hombre de hoy, alienado y turbado, puedan constituir un medio adecuado para ayudar a la persona que hace oración a estar interiormente distendida delante de Dios, aunque le urjan las solicitaciones exteriores.

Sin embargo, es preciso recordar que la unión habitual con Dios, o esa actitud de vigilancia interior y de invocación de la ayuda divina que en el Nuevo Testamento viene llamada la «oración continua», no se interrumpe necesariamente ni siquiera cuando hay que dedicarse, según la voluntad de Dios, al trabajo y al cuidado del prójimo, según exhorta el Apóstol: «Ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios» (1 Cor 10, 31). Efectivamente, la oración auténtica, como sostienen los grandes maestros espirituales, suscita en los que la practican una ardiente caridad que los empuja a colaborar en la misión de la Iglesia y al servicio de sus hermanos para mayor gloria de Dios8.

Posteriormente a la Carta Orationis forma, el Consejo Pontificio de la Cultura y el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso publicaron el 3 de febrero de 2003 el documento Jesucristo, portador del agua de la vida. Una reflexión cristiana sobre la «Nueva Era». Su objetivo principal es explicar el cuerpo de enseñanzas religiosas llamado Nueva Era, que se suele conocer más por su nombre en inglés (New Age).

Este documento define la Nueva Era como un sincretismo de diversas tradiciones religiosas, entre las que cita el yoga. Después de explicar que la Nueva Era intenta encontrar un camino de autorredención para los hombres, añade:

La psicología se utiliza para explicar la expansión de la mente como experiencia «mística». El yoga, el zen, la meditación trascendental y los ejercicios tántricos conducen a una experiencia de plenitud del yo o iluminación9.

Por lo tanto, para este documento, el yoga se ve como un camino de introducción a las enseñanzas de la Nueva Era, lo cual lleva a ver en esta disciplina el peligro para los fieles católicos del sincretismo religioso y de la adhesión, quizá inadvertidamente, a los postulados de la Nueva Era ajenos a la doctrina católica.

También el Papa Francisco ha recordado que solo el Espíritu Santo es quien mueve el alma para tratar a Dios Padre:

Ci si può allora chiedere: «Chi ci insegna ad amare? Chi ci libera da questa durezza?» Può farlo «soltanto lo Spirito Santo», ha chiarito Francesco precisando: «Tu puoi fare mille corsi di catechesi, mille corsi di spiritualità, mille corsi di yoga, zen e tutte queste cose. Ma tutto questo non sarà mai capace di darti la libertà di figlio». Solo lo Spirito Santo «muove il tuo cuore per dire “padre”»; solo lui «è capace di scacciare, di rompere questa durezza del cuore» e di renderlo «docile al Signore. Docile alla libertà dell’amore». Non a caso il cuore dei discepoli è rimasto «indurito fino al giorno dell’Ascensione», quando hanno detto al Signore: «Adesso si farà la rivoluzione e viene il regno!». In realtà «non capivano niente». E «soltanto quando è venuto lo Spirito Santo, le cose sono cambiate»10.

Por lo tanto, se puede concluir que la doctrina de la Iglesia intenta distinguir en el yoga el simple ejercicio físico, al que no se pone especial reparo (incluso se reconocen sus beneficios), del trasfondo religioso al que está unido, al menos en su origen y no pocas veces en su práctica. Por lo tanto, el juicio moral se deberá hacer sobre la posibilidad de hacer en una situación concreta esta distinción.

Posibilidad de que un cristiano practique el yoga

De lo que ya se ha dicho, se puede decir ya que no hay problema en que un cristiano practique el yoga si lo que se busca es solo el beneficio físico y emocional que suele proporcionar y se realiza solo como una técnica de relajación y de ejercicio. Aun así, la respuesta debe elaborarse algo más, porque son muchas las adherencias de la religión hindú en la que se originó y es fácil encontrar conexiones con doctrinas de la Nueva Era o New Age.

En efecto, actualmente la mayoría de academias y gimnasios de yoga y los centros de formación para monitores, al menos en Occidente, insisten en que el yoga no es una religión, sino una disciplina que intenta combinar la armonía del espíritu y el cuerpo y la relajación.

Sin embargo, son muchas los vínculos que tiene con el hinduismo, por lo que, al menos en términos generales, es difícil separar en la práctica ambos aspectos. Los mismos gimnasios y centros de formación para monitores a los que antes aludíamos, en su propaganda, incluso después de rechazar la relación con doctrinas religiosas, explican conceptos que proceden del hinduismo y con claras reminiscencias de esoterismo, como que el yoga proporciona conocimiento sobre las energías que mueven nuestro entorno, hasta orientar hacia el mundo luminoso del alma y su relación de servicio con la divinidad, o que sirve para practicar la meditación (la cual se entiende no como la oración cristiana), y otros muchos. Es suficiente con navegar un poco por las páginas web de los centros de yoga para comprobar esta afirmación.

Se debe añadir además que la inmensa mayoría de monitores de yoga han sido formados para enseñar no solo un conjunto de ejercicios físicos, sino un estilo de vida y un modo que podemos llamar religioso de relacionarse con su entorno. Aún más, aunque en alguna ocasión un profesor de yoga intente omitir la parte doctrinal (por ejemplo si le contratara un colegio católico), le será muy difícil no enseñar los principios religiosos, quizá sin pretenderlo, en los que él mismo ha sido formado.

Por eso la respuesta deberá adecuarse a la formación de cada uno y a su capacidad de distinguir la simple práctica de un ejercicio físico, del cuerpo doctrinal no cristiano que hay detrás y que con bastante probabilidad les van a transmitir. En la medida en que existe este peligro de adherirse, quizá inadvertidamente, a planteamientos religiosos ajenos al cristianismo, debe haber también una causa proporcionada para realizar estas prácticas. Si lo que se busca es solo el relajamiento o la ejercitación, actualmente es posible encontrar otras muchas prácticas que ofrecen estos beneficios y no tienen los problemas del yoga.

Aún más, se debe tener en cuenta que muchos ven en el yoga el conjunto de enseñanzas de origen hindú, y muchos otros, aunque no sepan calificarlo como una actividad de esa religión, sí las identifican como algo ajeno al cristianismo, o al menos vagamente relacionado con el esoterismo. Esto es, la mayoría de la población no sabe que el dominio de las energías vitales que se enseña en el yoga es un principio hindú, pero sí lo identifican como una doctrina esotérica y ajena a la enseñanza cristiana. Por ello se debe tener en cuenta la cuestión del ejemplo.

Por eso, salvo que haya una necesidad especial (como ocurre en la India en las escuelas por imperativo legal) parece que se debe aconsejar a un cristiano que no practique el yoga y que intente obtener el mismo beneficio que buscaba en el yoga mediante otra disciplina. Este consejo es más importante si la persona es conocida por su fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia, como un sacerdote.

De un modo semejante se puede responder a la cuestión de la convocatoria de actividades de yoga en centros católicos, como parroquias o colegios. Salvo que haya una obligación legal (como ocurre en la India para las escuelas) se debería evitar. Se debe añadir lo que ya hemos señalado de los monitores de yoga: será muy difícil encontrar profesores de esta disciplina que no se adhieran, aun inadvertidamente, a los principios del hinduismo.

Notas

1 Fuente: Cristina Romero, Locos por el yoga: las cifras de un fenómeno, en Forbes, 2 de febrero de 2021 (se puede leer en https://forbes.es/lifestyle/87161/locos-por-el-yoga-las-cifras-de-un-fenomeno/, consultado el 10 de mayo de 2021).

2 Fuente: diario Abc, Madrid, 21 de junio de 2018. Disponible en https://www.abc.es/familia/vida-sana/abci-yoga-actividad-preferida-40-por-ciento-adultos-para-reducir-estres-201806210129_noticia.html, consultado el 10 de mayo de 2021.

3 Véase por ejemplo https://salud.nih.gov/articulo/yoga-para-la-salud/, en la página oficial del Departamento de Salud de Estados Unidos (consultado el 10 de mayo de 2021).

4 Véase por ejemplo https://www.nhs.uk/live-well/exercise/guide-to-yoga/, en la página oficial del Departamento de Salud del Reino Unido (consultado el 10 de mayo de 2021). De esta publicación destacamos lo siguiente:

«What are the health benefits of yoga?

Dozens of scientific trials of varying quality have been published on yoga.

While there's scope for more rigorous studies on its health benefits, most studies suggest yoga is a safe and effective way to increase physical activity, especially strength, flexibility and balance.

There's some evidence that regular yoga practice is beneficial for people with high blood pressure, heart disease, aches and pains – including lower back pain – depression and stress».

5 El 11 de diciembre de 2014, con la resolución 69/131, a la que ya se hizo referencia, en el que las Naciones Unidas proclamaron el 21 de junio como el Día Internacional del Yoga, se declararon los beneficios para la salud de esta práctica.

6 Un resumen de ambos documentos en http://www.asianews.it/noticias-es/Iglesia-india:-El-yoga-no-sirve-para-alcanzar-lo-divino-40395.html y en http://www.asianews.it/noticias-es/Iglesia-siro-malabar:-el-yoga-es-incompatible-con-el-cristianismo-43554.html (consultados el 10 de mayo de 2021).

7 Carta Orationis forma, n. 2. Para la referencia al yoga, vid. la nota n. 1: «Con la expresión "métodos orientales" se entienden métodos inspirados en el hinduismo y el budismo, como el "zen", la "meditación trascendental" o el "yoga". Se trata, pues, de métodos de meditación del Extremo Oriente no cristiano que, no pocas veces hoy en día, son utilizados también por algunos cristianos en su meditación».

8 Puede ser interesante, para abundar en este documento de la Santa Sede, la conferencia Sobre Orationis forma, pronunciada por Mons. Luis Ladaria, entonces Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en Madrid el 29 de octubre de 2015, disponible en http://www.fondazioneratzinger.va/content/dam/fondazioneratzinger/Interventi%20Madrid/ratz2015-7.pdf (consultado el 11 de mayo de 2021).

9 Consejo Pontificio de la Cultura y Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, Jesucristo, portador del agua de la vida, n. 2.3.4.1.

10 Francisco, Meditación matutina en la capilla de Domus Sanctae Marthae, 9 de enero de 2015, en https://www.vatican.va/content/francesco/it/cotidie/2015/documents/papa-francesco-cotidie_20150109_cuori-induriti.html (consultado el 11 de mayo de 2021).

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