Vida Sacerdotal - El sacramento de la Penitencia

Monseñor Nykiel: Un buen confesor logra abrir las puertas del cielo a los fieles

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Monseñor Nykiel: Un buen confesor logra abrir las puertas del cielo a los fielesEn el marco de la realización del Curso anual sobre el Foro Interno, organizado por la Penitenciaría Apostólica, Monseñor Krzysztof Nykiel, Regente de la Penitenciaría Apostólica, subraya que, “en momentos dramáticos de la historia, como el que estamos viviendo por la pandemia del Covid-19, se necesitan buenos confesores”.

“El ministerio de los confesores en tiempos de pandemia, la importancia del ministerio de la misericordia, la reconciliación como camino hacia la santidad, la inviolabilidad del secreto sacramental, la celebración personal y comunitaria del sacramento del perdón, y la importancia de la misericordia en el pontificado del Papa Francisco”, son algunos de los temas tratados en la entrevista de Nicola Gori, redactor de "L'Osservatore Romano", con Monseñor Krzysztof Nykiel, Regente de la Penitenciaría Apostólica, con ocasión del XXXI Curso anual sobre el Foro Interno, organizado por la Penitenciaría Apostólica, que se desarrolla en línea, del 8 al 12 de marzo. A continuación presentamos el coloquio con el Regente de la Penitenciaría Apostólica.

El buen confesor abre los cielos

Un buen confesor es aquel que logra abrir las puertas del cielo a los fieles. Es una afirmación de valor incalculable y de pertinencia perenne. Sobre todo en momentos dramáticos de la historia, como el que estamos viviendo por la pandemia del Covid-19, se necesitan buenos confesores. De ello habla en esta entrevista con "L'Osservatore Romano", Monseñor Krzysztof Nykiel, Regente de la Penitenciaría Apostólica, con motivo del curso anual sobre el Foro Interno, que se desarrolla en línea, del 8 al 12 de marzo.

"El de este año –explica– es el trigésimo primer curso que la Penitenciaría Apostólica organiza anualmente, para ilustrar los temas de su competencia pertenecientes a todo el Foro y, más en general, algunos temas particularmente significativos relacionados con el ejercicio del ministerio del confesor. Debido a la pandemia, la presente edición se celebrará exclusivamente en modo telemático a distancia. Después de que el año pasado la emergencia sanitaria nos obligara a cancelar la iniciativa, este año hemos tomado todas las medidas necesarias para garantizar el buen funcionamiento del curso mediante los recursos que nos ofrecen las herramientas digitales. Así, unos 900 participantes podrán seguir las conferencias desde casa: con cierto orgullo, quiero señalar que se trata probablemente del evento virtual más importante, en términos numéricos, organizado hasta ahora por un órgano de la Curia Romana desde que inició la pandemia".


¿A quién va dirigido el curso y qué finalidad tiene?

El curso está dirigido a los nuevos sacerdotes, a los seminaristas a punto de ser ordenados y a todos los sacerdotes interesados en la formación permanente. La necesidad de formación de los confesores es, de hecho, uno de los temas más cercanos al corazón del Papa Francisco. Así lo recordó recientemente durante su Audiencia a los participantes en el curso 2019, afirmando que «la importancia del "ministerio de la misericordia" justifica, exige y casi nos impone una adecuada formación, para que el encuentro con los fieles que piden el perdón de Dios sea siempre un verdadero encuentro de salvación, en el que se perciba el abrazo del Señor con toda su fuerza, capaz de cambiar, convertir, sanar y perdonar». En línea con las palabras del Santo Padre, quiero señalar que, cuando hablamos de la necesidad de formación, queremos decir que no basta con conocer la teoría, los aspectos técnicos, aunque sean necesarios. Un buen confesor será sólo aquel que consiga abrir de par en par las puertas del cielo a los penitentes, porque él mismo fue el primero en experimentar en su vida el amor misericordioso del Padre sobre él.


La lectio magistralis del Penitenciario Mayor en la apertura del curso se centró en el papel del sacramento de la reconciliación para alcanzar la santidad. ¿Qué relación existe entre la confesión y la santidad?

Ciertamente, no es una coincidencia que el Cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor, eligiera abrir el curso con una lectio sobre el papel del sacramento de la reconciliación para alcanzar la santidad. En efecto, sabemos bien cómo la invitación a la santidad está en el centro del mensaje de algunos de los documentos más recientes del Papa Francisco, en particular las Exhortaciones Apostólicas Gaudete et exsultate (19 de marzo de 2018) y Christus vivit (25 de marzo de 2019), y cómo, además, el sacramento de la penitencia nos sostiene continuamente y nos da impulso y vigor en nuestro camino hacia la santidad. Dios no se cansa de perdonarnos. La absolución dada por el sacerdote nos permite levantarnos de nuevo, nos ofrece el perdón de Dios y la posibilidad de empezar siempre de nuevo. Quisiera también recordar cuántos santos a lo largo de la historia han experimentado la eficaz medicina del sacramento de la misericordia en sus vidas. ¿Cómo no recordar al menos la figura de Santa Faustina Kowalska (1905-1938), la monja polaca a la que el Señor se reveló como misericordia infinita y a la que, por ello, Juan Pablo II quiso condecorar con el título de Apóstol de la Divina Misericordia? Por último, quisiera subrayar la importancia del sacramento de la reconciliación para alcanzar la santidad de los propios confesores. También en este caso, el pensamiento se dirige inmediatamente a dos gigantes del confesionario, el Padre Pío de Pietrelcina y Leopoldo Mandic, no por casualidad elegidos en 2015 por el Papa Francisco como patronos del jubileo extraordinario de la misericordia.


Entre las novedades de este año, se dedicará un informe específico a la reciente Nota de la Penitenciaría Apostólica sobre la importancia del Foro Interno y la inviolabilidad del sigilo sacramental. ¿De qué se trata?

El 29 de junio de 2019, a petición expresa y con la aprobación del Papa Francisco, la Penitenciaría publicó una Nota sobre la importancia del Foro Interno y la inviolabilidad del secreto sacramental. Con este documento, nuestro tribunal ha querido subrayar algunos temas centrales de la teología, el derecho y la práctica de la Iglesia, que sin embargo, en nuestro tiempo, no son claros o no son suficientemente comprendidos no sólo por la opinión pública y los fieles, sino a veces incluso por el propio clero. Así, defender la absoluta inviolabilidad del sigilo sacramental, ese secreto especial que cubre el contenido de la confesión, es una exigencia ineludible no sólo por lealtad al penitente, sino ante todo por respeto a la santidad del sacramento. Como dice una famosa expresión atribuida a Santo Tomás de Aquino, en efecto, el sacerdote confesor llega a conocer los pecados del penitente "no como hombre, sino como Dios". Al mismo tiempo, la nota trata también de la especial confidencialidad que el derecho canónico garantiza a los actos del fuero interno que se realizan fuera de la penitencia sacramental pero que, sin embargo, pertenecen a la esfera más íntima y personal de cada fiel. El ejemplo clásico en este sentido es el de la dirección espiritual. También este ámbito requiere el secreto, para salvaguardar en primer lugar los derechos de los fieles y evitar cualquier posible abuso de poder.


Otra ponencia programada insistirá en las formas de fomentar la celebración del sacramento. ¿Estamos viviendo una crisis de la confesión?

No es fácil dar una respuesta. En algunas zonas del llamado mundo occidental, de hecho, parece haber un cierto declive de las confesiones en los últimos años, un declive que va de la mano de una crisis más general del sentimiento religioso. Creo que la causa de esto se encuentra en la pretensión del hombre de sustituir a Dios. Dios es visto como un antagonista, un competidor de la felicidad, una presencia de la que se puede prescindir sin problemas: es el Ego el que sustituye a Dios. Sin embargo, es igualmente cierto que en muchas zonas del mundo (pensemos en América Latina, el continente africano y algunos países asiáticos) la fe cristiana crece y se extiende y con ella, naturalmente, la práctica de la confesión. ¿Cómo se puede fomentar y proponer la belleza del sacramento de la reconciliación? En primer lugar, todo sacerdote experimenta el perdón de Dios en sí mismo, incluso antes de experimentarlo en los demás: no se puede ser un buen confesor sin ser un buen penitente. Los sacerdotes, pues, deben dedicar tiempo a la celebración del sacramento. Duele mucho ver, a veces, en algunas parroquias, los confesionarios desiertos, abandonados, sin siquiera una indicación de la hora de confesión. Es evidente que esto apaga la iniciativa de los fieles que, movidos por el Espíritu, desean acercarse al sacramento. Todos los grandes santos confesores, en cambio, permanecieron horas y horas en el confesionario, sin escatimar nunca, esperando acoger al hijo pródigo con alegría y amor, haciéndose humildes instrumentos de la ternura de Dios. Por último, creo que es esencial promover cada vez más la celebración del sacramento como un momento litúrgico vivido a nivel comunitario y parroquial, pero también a nivel de vicaría o zona pastoral.


Dentro de unos días, el 13 de marzo, se cumple el octavo aniversario de la elección del Papa Francisco. ¿Qué espacio tiene el tema de la misericordia de Dios en su pontificado?

Sería imposible recordar todos los innumerables discursos, pero también los gestos y acciones con los que el Papa Francisco ha puesto de manifiesto la atención central que ha reservado, desde los primeros días después de su elección, al tema de la misericordia divina. ¡Dios es misericordia! Este es el corazón de todo el anuncio cristiano, resaltado con fuerza en 2015-2016 con el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Esto me parece, en extrema síntesis, el corazón del mensaje del Papa Francisco a la Iglesia y al mundo. "La Pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado: por la fuerza del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren”. Depende de nosotros no dejar que está llamada a dejarnos reconciliar con Dios caiga en saco roto.

Fuente: Vatican News, servicio del 10 de marzo de 2021.

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