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Tres nuevas invocaciones en las letanías lauretanas, una para los migrantesUn sol del que se descubren nuevos rayos de vez en cuando. Se podría pensar en las Letanías Lauretanas, las invocaciones seculares a la Virgen que tradicionalmente concluyen el rezo del Rosario. A las ya conocidas el Papa Francisco ha decidido añadir tres nuevas: "Mater Misericordiae", "Mater Spei" y "Solacium migrantium", es decir: "Madre de la Misericordia", "Madre de la Esperanza" y "Consuelo" pero también "Ayuda" de los migrantes.

Fue la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos la que comunicó esta disposición del Papa en una carta dirigida a los presidentes de las Conferencias Episcopales. "Son incontables los títulos e invocaciones que la piedad cristiana, a lo largo de los siglos, ha reservado a la Virgen María, camino privilegiado y seguro para el encuentro con Cristo", escribió en la carta el Cardenal Robert Sarah y el Arzobispo Arhur Roche, Prefecto y Secretario del Dicasterio del Vaticano. Ahora, especifican, "la primera invocación se colocará después de Mater Ecclesiae, la segunda después de Mater divinae gratiae, la tercera después de Refugium peccatorum".

Mi pequeña procesión privada del Corpus ChristiEsta mañana fui a atender a una mujer mayor en su casa. Había concertado previamente con su hijo que la visitaría hoy y le llevaría el Santísimo para que comulgara. Como siempre suelo hacer en estos casos, caminaba rezando y acompañando al Señor con jaculatorias eucarísticas. Pero cuando llegué a su casa, el hijo me informó desde la puerta que no podría pasar porque su madre había dormido mal y no se sentía bien. Por lo tanto, regresé con el Santísimo.

Aclaro que resido en Buenos Aires, ciudad en la que el pico de la pandemia aún no ha llegado, los casos aumentan día tras día, y la cuarentena es estricta y avisan que se va a endurecer aún más. Como si el tiempo quisiera acompañar este panorama, hoy es un día frío y gris, anunciando el invierno que entra pasado mañana. Para los creyentes, se añaden otros motivos de tristeza: este año no tenemos Corpus Christi, no hay Misas públicas y las iglesias están abiertas con restricciones.

El Beato Giuseppe Puglisi, llamado Padre Pino Puglisi, tiene su nombre unido a uno de los episodios más oscuros de la historia italiana: la Mafia siciliana, la Cosa nostra.

Nació en Brancaccio, un barrio periférico de Palermo, la capital de Sicilia, el 15 de septiembre de 1937. A los 16 años ingresó en el seminario de Palermo. Fue ordenado sacerdote el 2 de julio de 1960. Sus primeros años desarrolló su ministerio en diversas parroquias d la capital siciliano, hasta 1970, en que fue destinado a Godrano, un pequeño publo cercano a Palermo, que entonces estaba asolado por las peleas entre diversas familias de la mafia. En su labor como párroco intentó la reconciliación de los bandos.

Queridos hermanos:

En este tiempo pascual pensaba encontrarlos y celebrar juntos la Misa Crismal. Al no ser posible una celebración de carácter diocesano, les escribo esta carta. La nueva fase que comenzamos nos pide sabiduría, previsión y cuidado común de manera que todos los esfuerzos y sacrificios hasta ahora realizados no sean en vano.

Durante este tiempo de pandemia muchos de ustedes me compartieron, por correo electrónico o teléfono, lo que significaba esta imprevista y desconcertante situación. Así, sin poder salir y tomar contacto directo, me permitieron conocer “de primera mano” lo que vivían. Este intercambio alimentó mi oración, en muchas situaciones para agradecer el testimonio valiente y generoso que recibía de ustedes; en otras, era la súplica y la intercesión confiada en el Señor que siempre tiende su mano (cf. Mt 14,31). Si bien era necesario mantener el distanciamiento social, esto no impidió reforzar el sentido de pertenencia, de comunión y de misión que nos ayudó a que la caridad, principalmente con aquellas personas y comunidades más desamparadas, no fuera puesta en cuarentena. Pude constatar, en esos diálogos sinceros, cómo la necesaria distancia no era sinónimo de repliegue o ensimismamiento que anestesia, adormenta o apaga la misión.

Queridos sacerdotes, queridos hermanos en Cristo:

El Domingo de Pascua por la tarde, recibí un mensaje de texto de uno de vosotros, un amigo cercano cuyo mensaje era breve y sin rodeos: «El día más extraño de mi vida». Estas siete palabras estaba inscritas debajo de una fotografía tomada desde el coro de su iglesia, vacía a excepción de él mismo (procesionando por el pasillo central para la Misa del Domingo de Resurrección) y tres dominicanos de Nashville (socialmente distanciados en los bancos). La conmovedora confesión de mi amigo fue de lo más impactante porque sé lo duro que ha trabajado durante más de una década y media para crear una de las más bellas liturgias parroquiales en el mundo católico, fortaleciendo a su gente para vivir la misión sacerdotal del verdadero culto que se les confirió a cada uno de ellos en el bautismo.

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