Vida Sacerdotal - Información para sacerdotes

Queridos hermanos:

En este tiempo pascual pensaba encontrarlos y celebrar juntos la Misa Crismal. Al no ser posible una celebración de carácter diocesano, les escribo esta carta. La nueva fase que comenzamos nos pide sabiduría, previsión y cuidado común de manera que todos los esfuerzos y sacrificios hasta ahora realizados no sean en vano.

Durante este tiempo de pandemia muchos de ustedes me compartieron, por correo electrónico o teléfono, lo que significaba esta imprevista y desconcertante situación. Así, sin poder salir y tomar contacto directo, me permitieron conocer “de primera mano” lo que vivían. Este intercambio alimentó mi oración, en muchas situaciones para agradecer el testimonio valiente y generoso que recibía de ustedes; en otras, era la súplica y la intercesión confiada en el Señor que siempre tiende su mano (cf. Mt 14,31). Si bien era necesario mantener el distanciamiento social, esto no impidió reforzar el sentido de pertenencia, de comunión y de misión que nos ayudó a que la caridad, principalmente con aquellas personas y comunidades más desamparadas, no fuera puesta en cuarentena. Pude constatar, en esos diálogos sinceros, cómo la necesaria distancia no era sinónimo de repliegue o ensimismamiento que anestesia, adormenta o apaga la misión.

El Beato Giuseppe Puglisi, llamado Padre Pino Puglisi, tiene su nombre unido a uno de los episodios más oscuros de la historia italiana: la Mafia siciliana, la Cosa nostra.

Nació en Brancaccio, un barrio periférico de Palermo, la capital de Sicilia, el 15 de septiembre de 1937. A los 16 años ingresó en el seminario de Palermo. Fue ordenado sacerdote el 2 de julio de 1960. Sus primeros años desarrolló su ministerio en diversas parroquias d la capital siciliano, hasta 1970, en que fue destinado a Godrano, un pequeño publo cercano a Palermo, que entonces estaba asolado por las peleas entre diversas familias de la mafia. En su labor como párroco intentó la reconciliación de los bandos.

Carta abierta a los sacerdotes de la Iglesia católica (pastoral de los sacerdotes en tiempo de pandemia)Queridos sacerdotes, queridos hermanos en Cristo:

El Domingo de Pascua por la tarde, recibí un mensaje de texto de uno de vosotros, un amigo cercano cuyo mensaje era breve y sin rodeos: «El día más extraño de mi vida». Estas siete palabras estaba inscritas debajo de una fotografía tomada desde el coro de su iglesia, vacía a excepción de él mismo (procesionando por el pasillo central para la Misa del Domingo de Resurrección) y tres dominicanos de Nashville (socialmente distanciados en los bancos). La conmovedora confesión de mi amigo fue de lo más impactante porque sé lo duro que ha trabajado durante más de una década y media para crear una de las más bellas liturgias parroquiales en el mundo católico, fortaleciendo a su gente para vivir la misión sacerdotal del verdadero culto que se les confirió a cada uno de ellos en el bautismo.

Ofrecemos las cuatro oraciones que compuso Santa Brígida, que se encuentran entre las Revelaciones que ella divulgó. Santa Brígida (1302 o 1303 - 1373), nacida en una familia noble de Suecia, casó con Ulf Gudmarsson. Tuvieron ocho hijos, uno de ellos Santa Catalina de Suecia. Al enviudar en 1344, se retiró a la vida monástica.

En 1350 peregrinó a Roma con motivo del año jubilar. Allí recibió el permiso del Papa para fundar una nueva Orden religiosa: fue la Orden del Santísimo Salvador o brigidianas. Falleció en 1373 en Roma. Fue canonizada en 1391. El Papa San Juan Pablo II la declaró Patrona de Europa.

Quiero tener tanta libertad como los musulmanes de LleidaEn estos días, en que la mayor parte de la humanidad está pasando o ha pasado por el confinamiento y las restrictivas normas que limitan nuestros derechos, yo anhelo el momento de poder ejercer de nuevo nuestras libertades fundamentales. Ruego que se me permita una comparación, más visible en estos tiempos de pandemia. Con la libertad pasa lo mismo que con la salud: en los momentos buenos no nos damos cuenta de que la disfrutamos, solo se aprecia cuando falta.

Los sacerdotes están haciendo enormes esfuerzos por mantenerse unidos al pueblo cristiano. También lo están haciendo los imanes musulmanes con los suyos. Pero hay una diferencia: a ellos las autoridades les consienten todo. Estos días hemos visto videos de policías cerrando iglesias y echando a obispos de catedrales mientras celebraban la liturgia, en supuesta aplicación de las normas dadas por las autoridades sanitarias. A la vez que se ha difundido el video de los musulmanes de El Vendrell reuniéndose para la oración del viernes en la calle usando altavoces para que les oyeran en un amplio radio, con la presencia complaciente de la policía, que por su actitud pareciera que estaban ahí para garantizar la seguridad de la reunión.

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