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Vida Sacerdotal - Naturaleza de la vocación del sacerdote

A la vista de la reciente confrontación sobre el celibato, conviene recordar que el sacerdocio de la nueva ley supone un salto cualitativo respecto a la antigua.

La tradición paulina insiste en la superioridad del sacerdocio de Cristo con relación al sacerdocio levítico, tal como éste se expresa en la ley mosaica. Las notas del sacerdocio israelítico sólo se pueden predicar del sacerdocio cristiano con muchos matices. Sería incorrecto entender el sacerdocio cristiano como una pura continuación del sacerdocio mosaico. Hay solución de continuidad en cuestiones esenciales.

Sin embargo, algunos reformadores del siglo XVI, separándose de la genuina tradición paulina, entendieron que el sacerdocio cristiano era únicamente una sublimación del sacerdocio levítico. Las comunidades eclesiales surgidas de la Reforma consideraron que el sacerdote era un elegido de la asamblea para una alta misión religiosa, con una dedicación temporal. Terminado el servicio podía volver a su condición anterior. Tales puntos de vista han influido bastante, incluso entre teólogos católicos.

Por ello conviene recordar que el estatuto del sacerdocio cambió por completo con la encarnación del Hijo de Dios. Cristo inauguró un nuevo sacerdocio que no surge ya del espíritu del pueblo ni siquiera del genio religioso de un gran profeta. El pontífice máximo, sumo y eterno sacerdote de la Nueva Alianza, es Cristo. Los demás sacerdotes son como una prolongación sacramental de Cristo mismo.

Las consecuencias son evidentes, aunque no fáciles de determinar jurídicamente ni siquiera sencillas de expresar en conceptos. En todo caso, las características del sacerdocio cristiano no se deducen de las prácticas sociales, más o menos coyunturales; derivan de su raíz cristológica fundamental.

En este marco debe situarse el delicado asunto del celibato. No es un simple estilo de vida, que destaca un modo de entender el sacerdocio. Si nos quedáramos en estrictas consideraciones sociológicas, psicológicas o históricas, llegaríamos a pocas conclusiones, que serían muy discutibles, cuando no descaminadas. El celibato es don y misterio, como subrayaba Juan Pablo II.

Fuente: La Vanguardia (Barcelona, 2 de octubre de 2005)

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