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Vida Sacerdotal - Noticias de 2003

El escándalo -no cabe un calificativo más suave- de los sacerdotes pederastas en Estados Unidos duele en la Iglesia, y fuera de ella. A quien es y vive como católico, porque de los sacerdotes se espera ejemplaridad; a quien no lo es, porque confiar a unos niños a la enseñanza religiosa o de otro tipo a alguna persona que actúa con perversidad sexual también repugna. Sencillamente, doloroso, tal como el Papa ha señalado reiteradamente.

Junto a convicciones religiosas y sentimientos, hay otros elementos que no pueden pasar inadvertidos en este caso. Por ejemplo, la fortaleza del Papa ante esta materia, que descalifica a cuantos vienen pidiendo -¿desde hace cuántos años?- su abandono, por falta de salud. A la vista de lo sucedido estos días, si esas voces tienen sólo sentido común, tardarán en repetir el consabido sainete, que más bien parece el compás de una orquesta que parece interpretar un ensayo prefabricado en foros de dudosa legitimidad moral.

Otra lección es que el escándalo es real, pero no puede empañar al sacerdocio y al celibato en su conjunto, como algunos pretenden precisamente en estos días, aprovechando el dolor y los sentimientos de repulsa de todos. Es noticia ese escándalo, pero no lo es que la inmensa mayoría de los sacerdotes viven su vocación íntegramente, y muchos con heroicidad humana y sobrenatural, y por supuesto no se cuestionan el celibato, entre otras cosas porque, cuando se ordenaron sacerdotes, optaban libremente por un camino que amaban y conocían bien. No puede empañar este escándalo, ni bajo la sombra de la sospecha, la broma o la ridiculización, la vocación sacerdotal.

Si es demagógico y deleznable aprovechar estos escándalos para atacar a la Iglesia y a los sacerdotes, afirmando poco menos que el celibato propicia las aberraciones sexuales, todavía es más indignante, demagógico y falto de toda coherencia lógica aprovechar para reivindicar que las mujeres puedan ordenarse sacerdotes. ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra?

Queda de manifiesto, una vez más, que todos los hombres tenemos defectos, y que la práctica religiosa no depende de las virtudes que vemos en un católico que tenemos al lado, o incluso de un clérigo, aunque laicos y sacerdotes tenemos un deber de ejemplaridad. La fe y la confianza en la Iglesia tiene otro origen, que es sobrenatural, y hasta de sentido común: la ejemplaridad de la mayoría de los sacerdotes impulsa a la práctica de la fe, a seguir en una Iglesia que basa tu tesoro en la asistencia del Espíritu Santo, que de nuevo se ha puesto de manifiesto con la actuación decidida del Papa.

Creemos por la Iglesia, no por tal o cual clérigo. Y justo es recordar que ninguna institución como la Iglesia Católica puede presentarse ante la opinión pública con tantos siglos de abnegación, entrega, ejemplaridad, respeto a la infancia, y por supuesto en los actuales momentos.

Me indignan comentarios y artículos que, en estos días, se vierten intentando manchar y confundir sin distinción. Para muchos católicos, con poca información o escasa formación, el dolor del escándalo puede confundirles, dejarles perplejos o cabizbajos, en vez de reafirmar su condición y orgullo, precisamente por la confianza y el ejemplo de la inmensa mayoría de los clérigos de todo el mundo.

Lo que sucede es que más de uno se olvida de que, en la opinión pública, estos fenómenos no son casuales, como casi nada en la vida. Algunos rechazan la hipótesis de que haya una "campaña" en sentido estricto, que busca debilitar los cimientos de la Iglesia Católica con ocasión y sin ella, pero sobre todo cuando hay un motivo real como es el escándalo ante el que el Papa ha anunciado esa "tolerancia cero".

Hay sectores anticatólicos organizados y preparados, con caras diversas según los años y países, con ramificaciones y tentáculos variopintos, para que no se pueda identificar la existencia misma de una "campaña". Siento decirlo, pero lo afirmo como profesional de los medios de comunicación: esa campaña existe, y más de uno ha de dejar de hacer el juego con su ingenuidad, escándalo farisaico o complejo, que probablemente son síntomas de una falta de hondura en las propias convicciones católicas.

Según la ideología o el afán de rentabilidad económica, los medios de comunicación tratan este escándalo de un modo u otro, y desde luego ha habido columnistas y medios de comunicación que han sabido diseccionar el escándalo de la realidad del sacerdocio, la desviación sexual de algunos clérigos de la aceptación gustosa del celibato de la mayoría de los sacerdotes, que eligieron libremente ese camino. Este asunto ha sido una ocasión más para que cada medio de comunicación se retrate.

Fuente: Piensa un poco.com

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