Vida Sacerdotal - El sacramento de la Eucaristía

Los estipendios en la Misa: cuestiones pastorales

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Quizá uno de los temas que, en la práctica pastoral, causan más inquietud entre los fieles, es el de los estipendios u ofertas por la celebración de la Misa. Por su propia naturaleza es un asunto delicado, pues se trata de una cuestión que afecta al sacramento de la Eucaristía.

Es una práctica muy antigua en la Iglesia la de ofrecer al sacerdote celebrante una cantidad de dinero, como limosna por la celebración de la Misa. El sacerdote que recibe tal cantidad y acepta el encargo queda obligado en justicia a ofrecer una Misa por la intención del donante. Históricamente ha revestido formas muy diversas; incluso existen fundaciones de Misas, con capitales a veces considerables destinados a sufragar Misas que se deben ofrecer por la intención que indique el fundador, normalmente el bien de su alma o la de su familia (cfr. Código de Derecho Canónico, can. 1303, § 1, 2º). Algunas de estas fundaciones han soportado el paso de los siglos.

Fundamento de la práctica de ofrecer estipendios en la Misa

El fundamento de esta práctica es enteramente sacramental: los fieles que ofrecen un don por la Misa que se celebra se asocian más íntimamente a Cristo que se ofrece a Sí mismo en la Hostia Santa. Además, está el sentido que tiene de limosna, práctica enseñada por el mismo Jesús. No sólo eso, sino que mediante los estipendios, los fieles ayudan al sostenimiento de la Iglesia y sus ministros. Por lo demás, el sacerdote que acepta el encargo se obliga no sólo a celebrar una Misa, sino a ofrecerla por una intención determinada, incluidas las almas de los difuntos. Y aquí la cuestión de los estipendios roza otro tema a veces atacado, en el que no se va a entrar en este estudio porque es más propio de la teología sistemática, como es el del purgatorio.

Celebrando la Eucaristía
Celebrando
la Eucaristía

No se puede olvidar, además, otra cuestión que entra en juego en esta materia, y se refiere a las relaciones de justicia que surgen entre el donante y el sacerdote que acepta el estipendio. En efecto, si el sacerdote acepta el don que le ofrece un fiel a cambio de celebrar una Misa por cierta intención, el sacerdote queda obligado a ello en virtud de la justicia. Y rigen al respecto las normas que la Moral enseña sobre la justicia.

Pero el riesgo de aparentar simonía también es claro. Por eso la autoridad eclesiástica desde siempre ha procurado rodear esta peculiar institución de normas claras y prudenciales, que velen por los intereses de las partes, y protejan los derechos de los fieles. Actualmente la materia queda regulada por los cánones 945-958 del Código de Derecho Canónico. El Papa Pablo VI lo reguló en el Motu Proprio Firma in traditione, de 13 de junio de 1974 (AAS 66 (1974) 308). Además, la Congregación para el Clero promulgó el Decreto Mos iugiter el 22 de febrero de 1991.

Según esta normativa, el sacerdote que acepta el estipendio por la celebración de una Misa por una intención particular, está obligado en justicia a satisfacer personalmente la obligación asumida, aunque puede encomendársela a otro. Además, se debe celebrar una Misa por cada intención. Viene a salir al paso del uso de acumular intenciones en una Misa, en las llamadas Misas colectivas o pluriintencionales. Tales Misas colectivas o pluriintencionales sólo se pueden celebrar si lo consienten los fieles que las encargan, y con ciertas condiciones, como que sólo puede haber dos Misas por semana con intenciones colectivas (cfr. Decreto Mos iugiter, art. 2 § 2).

Por lo demás, el sacerdote sólo puede retener el estipendio de una Misa. Si celebra más de una Misa al día en la que haya aceptado estipendio, se debe destinar al fin que determine el ordinario (c. 951). Este ordinario es el ordinario propio del celebrante, salvo que se trate de párrocos o vicarios parroquiales, en cuyo caso se entiende el ordinario del lugar (cfr. Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, Respuesta auténtica de 23 de abril de 1987 (AAS LXXIX (1987), p. 1132).

Además, las obligaciones de celebrar Misas asumidas se deben cumplir dentro de un plazo razonable, que se fija en un año. Si no es posible, se puede transmitir el encargo a otros sacerdotes (cfr. Decreto Mos iugiter, art. 5 § 1).

Algunas cuestiones pastorales

Se ven a continuación otras cuestiones sobre los estipendios en la Misa.

El sacerdote debe tener en cuenta la tarea de formación de los fieles en el profundo sentido sobrenatural de esta práctica, en la línea de lo que indica el Decreto Mos iugiter, en el artículo 7: el alto significado teológico del estipendio dado al sacerdote para la celebración del sacrificio eucarístico; la importancia ascética de la limosna en la vida cristiana, enseñada por Jesús mismo; y el sentido de ayudar al sostenimiento de los ministros sagrados y a la realización de las actividades apostólicas de la Iglesia.

Sobre la cantidad que se puede pedir por la celebración de la Misa, el canon 952 establece el órgano competente en cada caso para fijar la cantidad. Nótese que se indica que no le es lícito al sacerdote pedir más de la cantidad legítima, aunque puede aceptar más si es ofrecida espontáneamente. También se puede recibir una cantidad menor: el canon 945 § 2 incluso recomienda celebrar las Misas por las intenciones de los fieles sin recibir nada. Si el oferente, al encargar las Misas, no indica el número, se fijará de acuerdo con la cantidad legítima del lugar en que reside el oferente de acuerdo con el canon 950. Estas indicaciones parece que las deben tener especialmente presentes los sacerdotes que se encuentran en iglesias en que los fieles suelen encargas más Misas, como los santuarios.

Como ya se ha indicado, si no se puede cumplir el encargo en el plazo razonable de un año, el sacerdote no puede aceptarlo: más que rechazarlo, es preferible transmitirlo a otros sacerdotes. Para facilitar esta tarea, en muchos sitios se organizan colecturías que envían estipendios a sacerdotes. Algunas veces se trata de colecturías en la diócesis que envían estipendios a los sacerdotes de zonas rurales de la misma diócesis o a sacerdotes jubilados o enfermos; otras veces son colecturías que reciben ofertas de países de vieja tradición cristiana y las envían a sacerdotes de países de misión. Muchas veces suponen una ayuda importante para estos sacerdotes, más si se tiene en cuenta lo ya indicado sobre el cómputo de las Misas que se han de celebrar por la cantidad ofrecida.

Naturalmente, los sacerdotes que regentan templos en los que se suelen recibir muchos estipendios, como santuarios o parroquias grandes, deben ser especialmente cuidadosos en los encargos recibidos. Por ello, han de llevar con orden las cuestiones que se refieren a los estipendios ofrecidos por los fieles. El canon 958 indica que se lleven en un libro los encargos de Misas recibidos y cumplidos.

Además, se debe tener en cuenta que el encargo se puede cumplir en otra iglesia, no en la del sacerdote, salvo que conste otra voluntad del donante: así lo especifica el canon 954. En ese caso, se debe transmitir el encargo con el dinero íntegro, aunque sea superior a lo establecido para la diócesis. Se exceptúa el caso en que conste que el exceso se entregó por razón de la persona, no por el encargo.

El sacerdote puede ofrecer varias Misas al día por las intenciones que les han encomendado los fieles, pero solo se puede quedar con el estipendio de una. El estipendio de la segunda Misa lo habrá de entregar a la finalidad que a tal efecto haya determinado el Ordinario. Si la segunda Misa es concelebrada, no puede aceptar oferta de ningún tipo (canon 950).

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