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Vida Sacerdotal - El sacramento de la Eucaristía

En la presentación oficial de la Instrucción Redemptionis Sacramentum, en abril de 2004, el Card. Arinze afirmaba que "la cumbre de la liturgia es la celebración eucarística; nadie puede sorprenderse si, con el paso del tiempo, la Santa Madre Iglesia ha desarrollado palabras y acciones y, por lo tanto, directivas para este supremo acto de culto. Las normas eucarísticas son concebidas para expresar y proteger el misterio eucarístico, y también para manifestar que es la Iglesia quien celebra este augusto sacrificio y sacramento". Por eso, de acuerdo con la encíclica Ecclesia de Eucharistia: "La liturgia no será jamás propiedad privada de nadie, ni del celebrante ni de la comunidad donde los sagrados misterios son celebrados".

Como es sabido, esta Instrucción de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos tiene su origen en la necesidad de "requerir urgentemente que las normas litúrgicas para la celebración de la Eucaristía se observen con gran fidelidad" (EE, 52), ante los numerosos abusos aparecidos en estos decenios.

Los sacerdotes han de tener un gran amor a la Santa Misa, expresado entre otras cosas en el respeto y la veneración hacia las disposiciones litúrgicas. Ante la imposibilidad de comentar todos los aspectos tratados en este capítulo de la Instrucción, se hacen sólo algunas consideraciones que parecen más interesantes. Al final de este artículo se ofrece un resumen de las indicaciones de la Instrucción Redemptionis Sacramentum.

Comentario a algunos puntos

[49.] Conviene, en razón del signo, que algunas partes del pan eucarístico que resultan de la fracción del pan, se distribuyan al menos a algunos fieles, en la Comunión. «No obstante, de ningún modo se excluyen las hostias pequeñas, cuando lo requiere el número de los que van a recibir la sagrada Comunión, u otras razones pastorales lo exijan»; más bien, según la costumbre, sean usadas sobre todo formas pequeñas, que no necesitan una fracción ulterior.

Algunos liturgistas han puesto mucho énfasis en la razón de signo de la fracción del pan, hasta el punto de sugerir que sería un contrasigno la comunión distribuida con las formas pequeñas tradicionales. En no pocos casos, esta tendencia ha podido extenderse cuando los participantes en la Eucaristía son escasos (en las misas feriales en muchos lugares, por ejemplo); el número 321 de la Institución General del Misal Romano deja claro que puede haber razones, sobre todo de número (misas dominicales y otros supuestos) que hagan recomendable no detenerse en el acto de fraccionar muchas formas grandes antes de distribuir la comunión. Es interesante subrayar que el número 49 de la Instrucción Redemptionis sacramentum va más allá: "sean usadas, sobre todo, formas pequeñas".

[52.] La proclamación de la Plegaria Eucarística, que por su misma naturaleza es como la cumbre de toda la celebración, es propia del sacerdote, en virtud de su misma ordenación. Por tanto, es un abuso hacer que algunas partes de la Plegaria Eucarística sean pronunciadas por el diácono, por un ministro laico, o bien por uno sólo o por todos los fieles juntos. La Plegaria Eucarística, por lo tanto, debe ser pronunciada en su totalidad, y solamente, por el Sacerdote.

Se entiende que en este número no se proscribe que todos los fieles juntos intervengan en los momentos previstos por la misma Institución General del Misal Romano, como se explica en el número 54 de la Instrucción Redemptionis sacramentum. Un abuso muy generalizado, en este punto, consiste en que toda la asamblea proclame junto con el celebrante el "Per Ipsum".

[54.] Sin embargo, el pueblo participa siempre activamente y nunca de forma puramente pasiva: «se asocia al sacerdote en la fe y con el silencio, también con las intervenciones indicadas en el curso de la Plegaria Eucarística, que son: las respuestas en el diálogo del Prefacio, el Santo, la aclamación después de la consagración y la aclamación «Amén», después de la doxología final, así como otras aclamaciones aprobadas por la Conferencia de Obispos y confirmadas por la Santa Sede».

La cita, que configura casi en su totalidad este número de la Instrucción, corresponde al número 147 de la Institución General del Misal Romano: "Tunc sacerdos incipit Precem eucharisticam. Iuxta rubricas seligit unam ex iis quae in Missali Romano inveniuntur, vel a Sancta Sede probatae sunt. Prex eucharistica natura sua exigit ut solus sacerdos, vi ordinationis, eam proferat. Populus vero sacerdoti in fide et cum silentio se societ, necnon interventibus in eucharisticae Precis cursu statutis, qui sunt responsiones in dialogo Praefationis, Sanctus, acclamatio post consecrationem et acclamatio Amen post doxologiam finalem, necnon aliae acclamationes a Conferentia Episcoporum probatae et a Sancta Sede recognitae. Valde convenit ut sacerdos partes Precis eucharisticae, quae notis ditantur, cantu proferat."

[61.] Para elegir las lecturas bíblicas, que se deben proclamar en la celebración de la Misa, se deben seguir las normas que se encuentran en los libros litúrgicos, a fin de que verdaderamente «la mesa de la Palabra de Dios se prepare con más abundancia para los fieles y se abran a ellos los tesoros bíblicos».

Puede ser oportuno, a este propósito, recordar lo establecido en dos números de la Institución General del Misal Romano: número 358: "In Lectionario pro feriis, lectiones proponuntur pro singulis diebus cuiusque hebdomadae per universum cursum anni: proinde hae lectiones plerumque sumentur, diebus quibus sunt assignatae, nisi occurrat sollemnitas vel festum, vel memoria lectiones appropriatae Novi Testamenti habens, in quibus scilicet mentio fiat de Sancto celebrato. Si tamen aliquando lectio continua in hebdomada intermittitur ob aliquam sollemnitatatem, aliquod festum vel aliquam peculiarem celebrationem, sacerdoti licebit, prae oculis habita ordinatione lectionum totius hebdomadae, aut partes omittendas una cum aliis componere aut statuere quinam textus aliis praeferendi sint. In Missis pro peculiaribus coetibus, sacerdoti licebit textus peculiari celebrationi aptiores eligere, dummodo ex approbati Lectionarii textibus seligantur." Y en el número 360: "Datur quandoque forma longior et forma brevior eiusdem textus. In eligendo inter has duas formas criterium pastorale prae oculis habeatur. Tunc attendatur oportet ad facultatem fidelium auscultandi cum fructu lectionem magis vel minus longam; ad eorum facultatem audiendi textum magis completum, per homiliam explicandum."

[67.] Sobre todo, se debe cuidar que la homilía se fundamente estrictamente en los misterios de la salvación, exponiendo a lo largo del año litúrgico, desde los textos de las lecturas bíblicas y los textos litúrgicos, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana, y ofreciendo un comentario de los textos del Ordinario y del Propio de la Misa, o de los otros ritos de la Iglesia. Es claro que todas las interpretaciones de la sagrada Escritura deben conducir a Cristo, como eje central de la economía de la salvación, pero esto se debe realizar examinándola desde el contexto preciso de la celebración litúrgica. Al hacer la homilía, procúrese iluminar desde Cristo los acontecimientos de la vida. Hágase esto, sin embargo, de tal modo que no se vacíe el sentido auténtico y genuino de la palabra de Dios, por ejemplo, tratando sólo de política o de temas profanos, o tomando como fuente ideas que provienen de movimientos pseudo-religiosos de nuestra época.

Vale la pena subrayar la insistencia del texto en que la homilía se base en los textos de las lecturas bíblicas. Habrían de evitarse homilías que no tienen nada que ver con las lecturas proclamadas: hay ocasiones en que este abuso es más fácil, por ejemplo, en la celebración de una misa con primera comunión u otro sacramento (bautismo, matrimonio), aunque los rituales ofrecen abundantes lecturas alusivas a la celebración sacramental correspondiente; otro caso de tomar la homilía como ocasión de decir lo que el celebrante tiene pensado, al margen de las lecturas, puede ser la predicación de un triduo o una novena o convocatorias similares, las homilías pronunciadas en un curso de retiro, etc.; pero también en esos casos, es recomendable que el predicador se esfuerce para conseguirá, al menos, sustentar su predicación en los textos litúrgicos. El ideal sería al revés, que de los textos brotara la predicación.

[73.] En la celebración de la santa Misa, la fracción del pan eucarístico la realiza solamente el sacerdote celebrante, ayudado, si es el caso, por el diácono o por un concelebrante, pero no por un laico; se comienza después de dar la paz, mientras se dice el «Cordero de Dios». El gesto de la fracción del pan, «realizada por Cristo en la Última Cena, que en el tiempo apostólico dio nombre a toda la acción eucarística, significa que los fieles, siendo muchos, forman un solo cuerpo por la comunión de un solo pan de vida, que es Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo (1 Cor 10, 17)». Por esto, se debe realizar el rito con gran respeto. Sin embargo, debe ser breve. El abuso, extendido en algunos lugares, de prolongar sin necesidad este rito, incluso con la ayuda de laicos, contrariamente a las normas, o de atribuirle una importancia exagerada, debe ser corregido con gran urgencia.

Se cita en este número parte del número 83 de la Institución General del Misal Romano, que se reproduce a continuación: "Sacerdos panem eucharisticum frangit. Gestus fractionis a Christo in ultima cena peractus, qui tempore apostolico toti actioni eucharisticae nomen dedit, significat fideles multos in Communione ex uno pane vitae, qui est Christus pro mundi salute mortuus et resurgens, unum corpus effici (1 Cor 10, 17). Fractio inchoatur post pacem traditam, et debita cum reverentia peragitur, ne tamen innecessarie protrahatur nec immoderato momento aestimetur. Ritus iste sacerdoti et diacono reservatur. Dum sacerdos panem frangit et partem hostiae in calicem immittit, invocatio Agnus Dei a schola vel a cantore, populo respondente, de more cantatur, vel saltem elata voce dicitur. Invocatio fractionem panis comitatur, quare repeti potest quoties necesse est adusque ritum peractum. Ultima vice concluditur verbis dona nobis pacem."

El acento se pone, sobre todo, en reprobar el abuso de que un laico ayude a realizar la fracción; desde luego, este modo de proceder está en conexión con lo que se comentaba a propósito del número 49 de la Instrucción Redemptionis sacramentum: si se pretende dar la comunión a una asamblea numerosa con formas fraccionadas in situ, la acción puede prolongarse mucho si ha de realizarla sólo el celebrante. Por eso, se hace también mención en el número que comentamos de número 240 de la Institución General del Misal Romano: "Dum Agnus Dei profertur, diaconi vel aliqui e concelebrantibus celebrantem principalem adiuvare possunt ad hostias frangendas, sive pro concelebrantium sive pro populi Communione."

Resumen de las indicaciones de la Instrucción

La materia de la santísima Eucaristía: cualidades del pan y del vino como materia válida para la Eucaristía, tipo de formas que han de emplearse al distribuir la comunión a los fieles (números 48-50)

La plegaria eucarística: utilizar sólo las aprobadas (51); debe proclamarla el sacerdote (52); mientras, no deben hacerse otras oraciones o cantos (53); cuándo interviene el pueblo (54); partir la hostia en la consagración es un abuso (55); no omitir la mención del Romano Pontífice y del Obispo (56)

Otras partes de la misa: música sacra adecuada, altar y paramentos dignos y limpios (57); seleccionar textos y ritos con cuidado (58); cambiar y variar al propio arbitrio textos litúrgicos es un abuso (59); no separar en espacio o tiempo la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística (60); elegir las lecturas conforme a las normas litúrgicas (61); omitir o sustituir lecturas por textos no bíblicos es un abuso (62); el evangelio lo proclama sólo un ministro ordenado (63); la homilía corresponde al celebrante, a otro sacerdote u obispo o diácono, no a un laico o seminarista (64-66); carácter bíblico y cristológico de la homilía (67-68); la profesión de fe debe tomarse de los libros litúrgicos (69); tipos de ofrendas y modos de presentarlas (70); momento del rito de la paz, no tiene sentido de reconciliación, modo de hacerlo (71-72); modo de realizar la fracción del pan por el sacerdote (73); testimonios de vida cristiana deben decirse fuera de la misa; excepcionalmente, al acabar la oración después de la comunión (74)

Unión de varios ritos con la celebración de la misa: se permite o prescribe unir la misa con otros ritos, especialmente sacramentales, no con añadidos sin importancia (75); no es lícito unir el sacramento de la Penitencia con la misa (76); no unir la misa con una cena común, ni celebrarla en un comedor o en una sala con alimentos comunes (77); no relacionar la celebración de la misa con acontecimientos políticos o mundanos (78); introducir en la misa ritos de otras religiones es un abuso (79).

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El decoro debido en la celebración eucarística.

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