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Vida Sacerdotal - Documentos del Romano Pontífice

Entrevista realizada por la redacción de Análisisdigital.org al capellán del aeropuerto de Madrid-Barajas al día siguiente del trágico accidente aéreo del 20 de agosto de 2008, en que murieron 153 personas.

El padre Alberto García Ruíz, capellán del Aeropuerto de Madrid-Barajas, ha conversado con Análisis Digital sobre el terrible suceso ocurrido ayer por la tarde en el que un avión se estrellaba en una de las pistas de la Terminal 4

Rezando en Fátima (Portugal)-¿Cómo ha recibido la noticia y que ha hecho inmediatamente después?

Por la mañana estuve en el aeropuerto en una jornada que transcurrió normal. Me trasladé a casa a mediodía y un hermano de Guadalajara me llamó por teléfono informándome de que había escuchado por la radio el terrible suceso. Inmediatamente me dirigí nuevamente a Barajas, donde estuve en una sala habilitada dentro del mismo aeropuerto, hasta que un coche me llevó al lugar del accidente, que como se sabe el siniestro se produjo en una de las pista de la Terminal 4.

Ahí, vi un gran número de profesionales, entre ellos, bomberos, policía y médicos. Sólo había trabajadores, ni periodistas ni familiares ni otros viajeros estuvieron en el lugar. Me encontré con los responsables que llevaban el caso, con un juez y un fiscal.

Los medios de comunicación daban la noticia de que había habido siete fallecidos, después una veintena, más tarde anunciaban que eran más de cuarenta… Ha sido muy lento porque no había conocimiento y era difícil que la gente contactara con el lugar del accidente. Yo he podido ir porque estoy en el aeropuerto pero el lugar del siniestro es inaccesible.

Además, es muy difícil la situación en que nos encontramos. Hemos estado ahí y la gente ha estado trabajando con mucho sentido de responsabilidad.

-¿Cómo se está atendiendo a las víctimas y a sus familiares?

Ahora nos encontramos en el mismo lugar en el que están los familiares. Lo que estamos viviendo son lloros, abrazos, tristeza… Son momentos muy duros.

El problema principal es que uno no sabe qué ha sido de su hijo, de su hija, de su nietecito de siete años… No hay todavía una lista de heridos y la gente está perdiendo las esperanzas de encontrar a sus seres queridos con vida. Pienso, además, que es muy difícil tener esperanza cuando no hay noticias tampoco de si están o no en un hospital.

-¿En qué consiste su labor? ¿Qué se les puede transmitir a los familiares en un momento como este?

Mi labor fundamentalmente ha consistido en rezar en el lugar del accidente y en dar a las víctimas la absolución bajo condición. Los familiares, sobre todo, están en suspenso, no saben qué ha sido de su hijo. Así, todo se hace mucho más doloroso.

El obispo auxiliar de Madrid, monseñor César Franco, está también aquí con los familiares de las víctimas y un vicario de la Archidiócesis de Madrid. Cabe destacar que los profesionales son formidables, han mostrado en todo momento una gran seriedad y una gran responsabilidad pese al dolor de la tragedia.

-¿Han solicitado los familiares su asistencia espiritual?

La realidad es que en un accidente como el ocurrido no se puede asistir en el lugar del suceso salvo a los fallecidos. No hay posibilidad de seguir un criterio u otro. Después, con los familiares me he unido para acompañarles en su dolor o en su ansiedad. He pedido por todos ellos. La caridad está muy unida a la esperanza.

-¿Se han celebrado ya Misas en sufragio por las víctimas en las capillas del aeropuerto?

Sí se han celebrado Misas en sufragio por las víctimas del accidente, mañana también. El arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela, quiere presidir una por todos ellos. También he conocido que un obispo de Canarias ha emprendido vuelo a Madrid para acompañar a las familias en su dolor.

-Sanitarios y policía han aplicado el mismo protocolo que en el atentado del 11 de marzo de 2004. En asistencia religiosa, ¿cómo se desarrolla su labor?

En asistencia religiosa es diferente. Yo no he podido confesar a nadie por la situación y en los hospitales cada uno puede recibir la atención religiosa si así lo solicita. Lo que he hecho en el lugar del accidente, como ya he comentado, ha sido la absolución bajo condición a diferentes grupos de cadáveres.

La CEE y el Arzobispado de Madrid han hecho públicas sendas notas de prensa uniéndose al dolor de las víctimas. Usted, como capellán del aeropuerto, ¿quiere expresar algo a los familiares?

Por una parte, a los vivos les invito a que sigan adelante. A los familiares les pido que tengan esperanza en que todavía pueden estar vivos. También, les recuerdo que la muerte es una cosa que está marcada desde siempre y como dice la Biblia: “Se reunirán con sus padres”. La vida no es solamente la de aquí, es eterna.

Madrid, 22 de agosto de 2008

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